Sabes que un adiós no significa nada, si sus ojos siguen mirándote cuando te das la vuelta y le das la espalda.
Tú sigues sonriendo, mirándote los pies. "Uy, me tengo que pintar las uñas", piensas, mientras él va subiendo el tono de voz y pidiéndote explicaciones de por qué estás tan ausente estas semanas. Habla y habla. No le escuchas. Dice que está a punto de decirte un "adiós". ¿A qué espera? Sabe perfectamente que eso no te asusta.
Levantas la cabeza, le callas con un beso y dices: "Hasta luego".

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