¿Y qué? Te puede regalar todos los caprichos que quieras, llevarte a los restaurantes más caros, y también decirte lo mucho que te quiere con voz firme. Y tú te lo creerás…
Sabe que te gusta el helado de vainilla porque siempre se lo dices, te da largos besos para que no le eches de menos durante el día, y deja la cama hecha para que tengas la impresión de que la habitación está arreglada.
¿Pero sabes qué? Lo que realmente fascina es que le añada tu chocolate con leche favorito al helado de vainilla; que te de besos inesperados de los que te vas a acordar, mínimo, una semana; y que deje la cama deshecha para desordenar la habitación más aún cuando estéis juntos… Y entonces ahí, ahí es cuando te darías cuenta de que él podría decirte “te quiero” cada día, pero que no lo quieres oír: simplemente lo quieres sentir, con esos pequeños detalles…

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