La fotografía me ha convertido en un ser perfeccionista.
Disparar fotos y editarlas supone un cambio en la vida de una persona que verdaderamente ama la fotografía. Empiezas a ser detallista, quisquilloso, y ningún elemento pasa desapercibido.
Lo mismo ocurre en la vida cotidiana: no te quedas satisfecho con nada que no esté perfecto. Y esto, a veces, desgasta a uno mismo.

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